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Cuando las crisis internacionales se convierten en excusas

Por: Eduard Victoria Gelabert

Una economía sólida se construye fortaleciendo al ciudadano, no debilitándolo.

Cada vez que surge una crisis internacional, ya sea un conflicto geopolítico como la guerra en Ucrania o tensiones en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, los gobiernos suelen justificar aumentos en los combustibles alegando que son consecuencias inevitables del mercado global. Pero deberíamos hacernos una pregunta: ¿esas crisis son tan determinantes como se presentan o terminan convirtiéndose en una oportunidad para aumentar la recaudación del Estado?

En la República Dominicana esta situación se percibe claramente. Mientras el gobierno incrementa el precio de los combustibles, de manera desproporcionada, argumentando factores externos, los ciudadanos enfrentan un costo de vida cada vez más elevado.

Aumenta el transporte, la energía y los productos básicos, reduciendo el poder adquisitivo de las familias. Paralelamente, el Estado obtiene mayores ingresos fiscales, generando un escenario en el que el pueblo se empobrece mientras las arcas gubernamentales crecen.

Existen alternativas más equilibradas. Reducir impuestos sobre los combustibles y ajustar gastos innecesarios del Estado permitiría dejar más recursos en manos de la población. Ese dinero regresaría a la economía a través del consumo en alimentos, salud, educación y pequeños negocios, impulsando la actividad económica y generando nuevas recaudaciones mediante impuestos al consumo.

Diversos países han aplicado medidas similares para aliviar el impacto de los altos precios.

Estados Unidos suspendió de manera temporal los impuestos federales a las gasolinas y al diesel para aumentar el ingreso disponible de las familias, mientras México mantiene estímulos fiscales y países como España, Argentina, Alemania, Brasil y Uruguay han reducido o suspendido impuestos para proteger a consumidores y empresas.

Nuestra clase política debe entender que el dinero genera mayor bienestar y productividad cuando permanece en manos de los ciudadanos, quienes suelen asignarlo de forma más eficiente que un Estado acompañado de una burocracia frecuentemente ineficaz y poco útil.

Además, una economía no se fortalece utilizando las crisis internacionales como herramientas fiscales, ni puede sostenerse de manera sólida cuando se va menguando el poder adquisitivo y la capacidad de consumo de los ciudadanos.

"El mejor gobierno es el que menos toma de los bolsillos del pueblo". Thomas Jefferson.

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