Por: Eduard Victoria Gelabert
Un conflicto regional que refleja la pugna por el liderazgo en el siglo XXI
La guerra en Irán no puede entenderse como un hecho aislado ni como una simple acción para proteger a Israel o debilitar un régimen. Es parte de una disputa mucho más amplia que definirá el equilibrio del poder mundial en el siglo XXI. En el centro están Estados Unidos y China, dos potencias enfrentadas por la hegemonía económica, tecnológica y militar.
Evitar que Irán desarrolle armas nucleares o aumente el alcance de sus misiles es un argumento válido dentro de la seguridad internacional. Aun así, ese punto forma parte de un tablero más grande. Irán es una pieza dentro de una red de influencias donde también participan Rusia y China, que configuran un bloque que desafía el orden liderado por Occidente.
La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Estados Unidos, bajo la lógica de America First, apunta a contener a China, reforzar el control fronterizo, la seguridad y reactivar la Doctrina Monroe en el hemisferio. América Latina pasa a ser un espacio clave dentro de esa estrategia.
La energía ocupa un rol central. El avance de la inteligencia artificial depende de energía abundante y barata, lo que convierte al petróleo y al gas en instrumentos de poder. La captura de Maduro, y el control del petróleo venezolano que obliga a los chinos a comprarlo en dólares y a precios internacionales, es un reflejo de esta dinámica.
El Estrecho de Ormuz es otro punto crítico. Por ahí transita gran parte de la energía que abastece a Asia, incluyendo también a China, lo que le da un valor estratégico determinante. Controlarlo implica influir directamente sobre los competidores.
A esto se suma el Ártico. Groenlandia se perfila como un enclave crucial, por las aperturas de nuevas rutas comerciales y sus recursos. La presencia militar de los Estados Unidos allí responde a una visión a largo plazo de control de la vía y de sus recursos naturales, como las tierras raras.
La guerra en Irán es, por tanto, una expresión manifiesta de un conflicto mayor y profundo. Es un episodio dentro de una lucha por el control de recursos, rutas, tecnologías y zonas de influencia. Entenderlo de esta forma permite ver más allá del evento inmediato y comprender la dirección hacia la que se mueve el mundo, en este proceso de configuración de un nuevo Orden Global.
