julio 11, 2026
OPINIÓN

La inflación: el impuesto que nadie aprueba, pero todos pagan

“Cuando el poder adquisitivo se desploma y el costo de la vida se dispara, la factura política suele llegar mucho antes de lo esperado”

Existe un impuesto que no necesita ser debatido en el Congreso, que no aparece en ninguna factura y que, sin embargo, todos terminamos pagando. Se llama inflación. Es el mecanismo más eficaz para empobrecer a una sociedad porque reduce, paulatinamente, el valor del dinero y castiga especialmente a quienes viven de un salario.

El empresario puede ajustar sus precios, el inversionista puede proteger su patrimonio, pero el trabajador asalariado y el pensionado tienen menos margen para defenderse. Su ingreso permanece igual mientras el costo de la vida aumenta. Cada mes trabajan lo mismo para comprar menos. Es una reducción silenciosa de su nivel de vida.

La historia demuestra que ningún gobierno debería subestimar este fenómeno. La hiperinflación destruyó los ahorros de millones de alemanes durante la República de Weimar, y dejó profundas heridas políticas y sociales, culminando con la toma del poder de Adolf Hitler. Fue para Argentina durante décadas un obstáculo para el crecimiento. Los historiadores afirman que fue una de las causas principales de la caída del Imperio Romano. Cuando una moneda deja de inspirar confianza, esa desconfianza termina alcanzando a quienes la administran.

No es casualidad que los bancos centrales existan para preservar la estabilidad monetaria. Una moneda estable es un requisito indispensable para el crecimiento económico, la inversión y el bienestar de las familias. Sin ella, el ahorro desaparece, la planificación se vuelve imposible y la incertidumbre domina la economía.

Por eso, la primera obligación de un buen gobierno no debería ser repartir cada vez más subsidios, sino garantizar que el salario de un trabajador conserve su poder de compra. Una sociedad próspera no se construye haciendo que sus ciudadanos dependan del Estado, sino permitiéndoles vivir dignamente del fruto de su esfuerzo.

Los pueblos pueden soportar sacrificios, reformas e incluso crisis temporales. Lo que difícilmente perdonan es que el dinero que ganan con el sudor de su frente valga cada día menos. La inflación no solo es la pérdida del poder adquisitivo de una moneda; también, termina destruyendo la confianza en quienes tienen el deber de protegerla.

“La inflación es el precio de los gastos del gobierno que pensabas que eran gratis”. Ronald Reagan

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