octubre 17, 2026
OPINIÓN

PISA 2025: la pantalla no embrutece, el contenido sí


El verdadero problema no es cuánto miran, sino qué están mirando y escuchando nuestros jóvenes.


Los resultados de PISA 2025, publicados este septiembre de 2026, vuelven a encender las alarmas sobre el desempeño educativo de la RD y América Latina. Mientras nuestros países continúan rezagados, naciones como Singapur, China y Japón permanecen entre las sociedades con mejores resultados educativos.


Y, como suele ocurrir, ya apareció el culpable de turno: los dispositivos electrónicos.
Pero reducir el problema al tiempo que nuestros jóvenes pasan frente a una pantalla es una explicación demasiado sencilla para una realidad mucho más compleja.


Una computadora, una tableta o un celular puede utilizarse para estudiar matemáticas, aprender un idioma, investigar una materia o desarrollar una habilidad. Pero también ese mismo dispositivo puede convertirse en una fuente inagotable de videos sin contenido, entretenimiento superficial y tendencias pasajeras.


La diferencia no está en el aparato. Está en lo que hacemos con él.
La tecnología no embrutece por sí misma, pero tampoco educa por sí sola. Es una herramienta y, como toda herramienta, puede utilizarse para construir o para destruir. El verdadero problema aparece cuando nuestros jóvenes pasan horas consumiendo contenido que no les aporta conocimiento, disciplina ni pensamiento crítico.
La música tampoco escapa a esta realidad. Basta observar qué personajes alcanzan hoy niveles extraordinarios de popularidad para comprender que algo está pasando en nuestra cultura. Cuando la vulgaridad y la banalidad se convierten en modelos de éxito para millones de jóvenes, estamos ante un fenómeno muy preocupante y que trasciende el entretenimiento.


Lo más alarmante es el círculo vicioso que se está creando: una generación con bajo nivel educativo y estupidizada por el constante consumo de contenido basura, es la misma que puede terminar formando a la próxima generación con los mismos hábitos y las mismas carencias.
Por eso, el desafío no consiste simplemente en quitarles los dispositivos, sino en enseñarles a utilizarlos con criterio.
Los dispositivos no son el enemigo. La indiferencia sí.

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