mayo 3, 2026
OPINIÓN

Una presencia desacertada.

Por: Eduard Victoria Gelabert

La diplomacia dominicana en un escenario que podría comprometer su credibilidad

La participación del Ministro de Justicia de nuestro país en la denominada cumbre “En defensa de la democracia”, celebrada en Barcelona, merece un análisis cuidadoso desde la óptica de la coherencia diplomática y política.

El encuentro, promovido por Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, reunió a líderes como Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, Luis Inácio Lula da Silva, entre otros representantes de la “izquierda internacional”, con el objetivo de articular una defensa global de la democracia.

Resulta paradójico convocar una cumbre en “defensa de la democracia” mientras se mantienen posturas de acercamiento, tolerancia o incluso apoyo a regímenes ampliamente cuestionados por su carácter autoritario y por sus restricciones a las libertades públicas.

Casos como los de Cuba, Irán, China o el régimen chavista de Venezuela ponen de manifiesto inconsistencias de este grupo de “progresistas”. Estos lideres han tenido una inclinación constante a justificar, suavizar y blanquear la imagen de esos gobiernos que no solo violan derechos fundamentales y suprimen la participación democrática, sino que también incurren en desapariciones, apresamientos arbitrarios y, en los casos más graves, la eliminación física de opositores y disidentes.

En ese contexto, la presencia del ministro de Justicia resulta particularmente extraña y, en cierta medida, desacertada e inoportuna. Las posiciones ideológicas de estos líderes, no están en sintonía con el pensamiento democrático del presidente Abinader, ni con su política orientada al fortalecimiento institucional, la libertad y el respeto al estado de derecho.

Además, dicha participación evidencia una posición ambigua frente al contexto internacional y, especialmente, respecto a la política exterior y de seguridad de los Estados Unidos, un eje estratégico para la República Dominicana. Esta ambigüedad no resulta conveniente para los intereses del país, ya que puede generar percepciones erróneas sobre nuestras alianzas y prioridades en materia de seguridad y cooperación.

No basta el discurso para sostener la credibilidad de una nación, también la definen los espacios que decide ocupar y en los que elige participar.

En diplomacia, cada encuentro envía señales; por eso, importa no solo lo que se dice, sino también con quién se comparte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *